18 jugadores de fútbol americano se bautizan públicamente y ponen a Jesús por encima de cualquier victoria

Dieciocho jugadores del equipo de fútbol americano de Carson-Newman University, en Tennessee, Estados Unidos, fueron bautizados públicamente el 19 de agosto de 2026.
Los jóvenes entraron a las aguas de Mossy Creek, el histórico arroyo que atraviesa el campus, para hacer una profesión pública de su fe en Jesucristo. El momento ocurrió ante compañeros, estudiantes, profesores, trabajadores y autoridades que se reunieron para acompañarlos.
La ceremonia fue dirigida por Marty Blakely, director regional de Fellowship of Christian Athletes (FCA), y Drew Eudy, pastor de Mossy Creek Fellowship. Uno de los bautizados fue Kris Mandy, estudiante de primer año procedente de Louisville, Kentucky. Uno tras otro, los jugadores entraron al agua delante de su equipo para declarar abiertamente la decisión que habían tomado.
Para Tyler Almond, entrenador de los Eagles y quien atraviesa su primer año al frente del equipo, aquello superó cualquier resultado deportivo. “Esta es la mayor victoria que tendremos en todo el año”, dijo a sus jugadores al hablar de lo ocurrido. Almond dejó claro que, para él, aquel momento era más importante que cualquier partido que pudieran ganar durante la temporada.
El entrenador resumió el peso de aquella decisión con una frase todavía más fuerte: “Es una victoria eterna”. Su mensaje puso el fútbol en su lugar: los partidos terminan, los marcadores cambian y las temporadas pasan. Pero Almond señaló que la decisión de estos jóvenes de caminar con Cristo tiene consecuencias que van mucho más allá del terreno de juego.
Almond también advirtió que entrar al agua no significa haber llegado al final del camino espiritual. “Mi esperanza es que continúen caminando con Cristo y confiando en Jesús”, expresó sobre el futuro de los jugadores. El bautismo fue público y visible, pero ahora cada uno tendrá que vivir diariamente la fe que decidió confesar delante de otros.
Este tipo de escenas no es nuevo dentro de Carson-Newman, una universidad cristiana vinculada a la tradición bautista. Los bautismos de estudiantes y atletas en Mossy Creek se han convertido con los años en una práctica reconocida dentro de la institución. La universidad sostiene abiertamente una formación centrada en Cristo y el anuncio del Evangelio forma parte de la identidad de su programa deportivo.
En agosto de 2025, otros 18 jugadores del equipo fueron bautizados en el mismo arroyo ante miembros de la comunidad universitaria. En aquella ocasión, el entonces entrenador Ashley Ingram afirmó que no solo buscaban formar estudiantes y deportistas, sino “jóvenes de fe cristiana”. La propia universidad informó entonces que esta tradición de bautismos entre estudiantes-atletas llevaba desarrollándose por más de una década.
Un año antes, el 21 de agosto de 2024, la cifra había sido todavía mayor: 31 jugadores fueron bautizados en Mossy Creek. Carson-Newman señaló que aquel había sido el grupo más numeroso desde que comenzó esta tradición dentro de la universidad. Ingram dijo entonces que podían ganar partidos y campeonatos, pero consideraba aquella decisión espiritual como el “campeonato definitivo”.
Los registros muestran que este movimiento entre los jugadores viene de años atrás y no se limita a una ceremonia aislada. En 2021, la universidad informó que Marty Blakely y Alan Duncan habían bautizado a más de 50 jugadores de Carson-Newman durante un período de cuatro años. Blakely afirmó entonces que compartir el Evangelio de Jesucristo con los jugadores ya era parte del programa cuando él mismo jugaba allí en la década de 1980.
Lo ocurrido en Mossy Creek deja una verdad sencilla: confesar a Cristo públicamente es importante, pero después viene el desafío de demostrar esa fe con la vida. El bautismo dura unos minutos; seguir a Jesús exige permanecer firme cuando desaparecen las cámaras, los aplausos y la emoción del momento. Romanos 6:4 señala el llamado a “andar en vida nueva”: para estos jóvenes, salir del agua no fue la meta, sino el comienzo de una vida que ahora deberá respaldar lo que sus labios confesaron.






