Criminal abandonan su antigua vida tras soñar con el regreso de Cristo: “Oí trompetas y ángeles cantando”.

Shen Ouwens, de 23 años, pasó de una adolescencia marcada por drogas, fraudes y venta de sustancias a una vida completamente distinta. Según relató a Revive, el cambio comenzó cuando llegó al límite, pidió ayuda a Dios y empezó a acercarse nuevamente a una iglesia.Un mes después, asegura que tuvo un sueño sobre la venida de Cristo que terminó de sacudir su vida.
Su historia había comenzado con una herida profunda: siendo apenas un bebé fue abandonado en una transitada rotonda de China. Un policía lo encontró y lo llevó a un orfanato; cuando tenía un año y medio fue adoptado por una pareja neerlandesa y criado en un hogar cristiano. Shen reconoce que recibió amor y cuidados, aunque durante años cargó inseguridades y heridas emocionales relacionadas con su abandono.
A los 14 años comenzó a consumir marihuana y, al dejar de asistir regularmente a la iglesia, su vida empezó a tomar otro rumbo. Después llegaron los fraudes con tarjetas y cuentas digitales, la venta de productos falsificados y el tráfico de drogas, actividades con las que llegó a ganar miles de euros. Él mismo reconoce que aquella aparente libertad terminó convirtiéndose en esclavitud, dinero fácil y una vida cada vez más oscura.
Shen también contó que sus padres desconocían buena parte de lo que estaba haciendo y que las medidas frente a su consumo terminaron siendo limitadas. Llegó incluso a fumar marihuana dentro de su habitación, mientras mantenía ocultas otras actividades ilegales que realizaba desde dispositivos electrónicos. Su testimonio no establece una causa única, pero deja una advertencia seria sobre lo peligroso que puede ser crecer sin suficiente vigilancia, límites y acompañamiento.
La obsesión por el dinero tampoco terminó bien: Shen comenzó a operar con criptomonedas y llegó a ganar miles de euros en un solo día. En una jornada perdió casi 20.000 euros; posteriormente calculó pérdidas totales cercanas a 50.000 euros, además de acumular unos 15.000 euros en deudas. El dinero que parecía darle poder terminó hundiéndolo todavía más en codicia, presión y desesperación.
El golpe decisivo llegó cuando uno de sus compañeros en el mundo de las drogas fue arrestado y Shen comprendió hacia dónde podía terminar su propia vida. Esa noche miró su realidad de frente y clamó: “Señor, ayúdame a salir de esto”; después comenzó a leer la Biblia inspirado por un joven que conoció en un curso. También empezó a congregarse en Best Life Church, donde encontró personas que seguían a Jesús y cuya manera de vivir lo impactó.
Aproximadamente un mes después, Shen afirma que tuvo la experiencia que terminó marcando su conversión: un sueño relacionado con el regreso de Cristo. “Vi una enorme luz y oí trompetas y ángeles cantando”, relató al describir una experiencia que, según él, estuvo acompañada por una intensa sensación de la gloria y el amor de Dios.
Desde entonces decidió seguir a Jesús, ingresó a la escuela bíblica de su iglesia y asegura que fue liberado de la codicia y de la vida que lo dominaba.
En la iglesia conoció a Suzanne, con quien se casó y tuvo un hijo llamado Samuël; convertirse en padre también tocó la herida que cargaba desde su abandono. Shen asegura que el nacimiento del niño produjo una profunda sanidad emocional y cambió su manera de comprender el amor de un padre hacia un hijo. Hoy dirige una empresa de limpieza, participa en grupos de su iglesia y resume lo ocurrido con una frase contundente: “Mi vida cambió completamente”.
Este testimonio también golpea una discusión que Samuel Adrián ha colocado públicamente sobre la mesa: la responsabilidad de los padres en la formación de sus hijos. Durante su conferencia “La infancia en disputa”, Adrián defendió el papel de la familia, los principios y el pensamiento crítico, advirtiendo: “Cuando la familia deja de formar, alguien más ocupa ese lugar”. Su llamado a recuperar la responsabilidad parental y proteger la formación de los niños merece atención en una sociedad donde pantallas, drogas y otras influencias pueden entrar al hogar sin pedir permiso.
La historia de Shen deja una verdad difícil de ignorar: los hijos necesitan amor, pero también presencia, dirección, límites firmes y una verdad capaz de sostenerlos cuando el mundo les ofrece caminos destructivos. Su pasado muestra hasta dónde puede hundirse una vida, mientras su conversión recuerda que la gracia de Cristo todavía puede rescatar, restaurar heridas y levantar familias sobre fundamentos diferentes.