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Psiquiatra explica cómo renovar la mente con la Palabra de Dios puede sanar el dolor crónico

📅 julio 21, 2026   •   ⏱ 3 min de lectura

El psiquiatra cristiano Daniel Amen aseguró que muchas personas que viven atrapadas en el dolor crónico podrían encontrar alivio al tratar no solo el cuerpo, sino también el cerebro y las emociones. Su propuesta busca reducir, cuando sea médicamente posible, la dependencia de cirugías, inyecciones y medicamentos fuertes mediante un programa de recuperación física y mental.

El dolor crónico es aquel que permanece durante tres meses o más y puede destruir poco a poco la tranquilidad, el sueño y la vida diaria de una persona. En Estados Unidos, el 24,3 % de los adultos reportó sufrirlo en 2023, lo que demuestra que no se trata de un problema pequeño ni aislado.

Uno de los dolores más comunes es el de espalda. Amen explicó que, cuando una resonancia magnética muestra discos desgastados, hernias o estrechamientos en la columna, muchas personas creen inmediatamente que necesitan una operación. Sin embargo, advirtió que una imagen anormal no siempre significa que esa sea la causa real del sufrimiento.

El especialista afirmó que muchas personas de su edad presentan alteraciones en sus resonancias sin sentir dolor. Según explicó, esto ocurre porque el dolor finalmente es procesado en el cerebro y un cerebro saludable puede crear nuevas rutas para adaptarse, recuperarse y evitar que cada señal del cuerpo se convierta en sufrimiento permanente.

“Dios creó mi cuerpo para sanar” es una de las ideas que Amen anima a mantener en la mente. El médico no propone ignorar el dolor ni fingir que no existe, sino dejar de alimentar la creencia de que el cuerpo está condenado a empeorar y comenzar a participar activamente en su recuperación.

En su libro Change Your Brain, Change Your Pain, el psiquiatra presenta un programa natural que recomienda considerar antes de entrar al quirófano. Amen sostuvo que ciertos métodos no quirúrgicos pueden ofrecer resultados similares en algunos pacientes, pero con menos efectos secundarios, aunque cada caso debe ser evaluado individualmente por profesionales de la salud.

Una parte importante del proceso consiste en atender las heridas emocionales. Amen señaló que la tristeza profunda, la ansiedad, la ira reprimida y otros conflictos pueden aumentar la tensión muscular y hacer que el dolor físico se sienta con mayor intensidad. El cuerpo sufre, pero muchas veces el corazón también está cargando algo que nunca pudo expresar.

El problema empeora cuando la persona comienza a pensar: “Esto nunca se irá”, “No podré trabajar” o “Mi vida se acabó”. Según Amen, el miedo y la desesperación pueden alimentar los circuitos cerebrales relacionados con el dolor. Algunas personas intentan apagarlo temporalmente con opioides, alcohol, marihuana, azúcar u otras sustancias, pero terminan fortaleciendo un ciclo todavía más destructivo.

Para romper ese ciclo, el psiquiatra destacó la enseñanza de Romanos 12:2 sobre ser transformados mediante la renovación de la mente. También recordó Filipenses 4:8, que anima a concentrarse en lo verdadero, justo y digno de alabanza. Junto con esta disciplina espiritual, recomendó dormir bien, hacer ejercicio, mejorar la alimentación e identificar aquello que activa o intensifica el dolor.

Renovar la mente no significa negar una enfermedad ni abandonar la atención médica. Significa dejar de permitir que el miedo gobierne cada pensamiento y enfrentar el dolor con sabiduría, esperanza y fe. El sufrimiento puede ser real y profundo, pero no tiene que tener la última palabra: Dios también puede traer fuerzas, dirección y consuelo mientras la persona busca responsablemente su recuperación.

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