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Familia clama a Dios por un milagro y adolescente recibe el riñón que necesitaba

📅 agosto 24, 2026   •   ⏱ 3 min de lectura

Una familia que pasó años entre hospitales, tratamientos y momentos de profunda angustia decidió aferrarse a la oración cuando las opciones comenzaron a agotarse. Su hijo adolescente necesitaba con urgencia un riñón y el tiempo se convirtió en una amenaza. Lo que ocurrió pocos días después fortaleció una fe que había sido probada durante casi una década.

Sali McNeal, conocido como Junior, fue diagnosticado a los 5 años con síndrome nefrótico, una enfermedad renal que provoca una pérdida anormal de proteínas. Los primeros tratamientos con esteroides no dieron resultado y los médicos recurrieron a medicamentos inmunosupresores. Sus padres, Sali y Rheylicia McNeal, comenzaron entonces un largo camino de tratamientos, hospitalizaciones y oración constante.

Durante casi diez años, los medicamentos lograron mantener relativamente estable al joven y permitieron que llevara una vida cercana a la normalidad junto a sus hermanos. Sin embargo, a los 14 años su condición empeoró y una nueva biopsia reveló glomeruloesclerosis focal y segmentaria. Junior tuvo que comenzar diálisis mientras su función renal continuaba deteriorándose.

La doctora Julia Steinke, directora médica del Programa de Trasplante Renal Pediátrico del Texas Children’s Hospital en Houston, explicó que la enfermedad había avanzado considerablemente. Cuando Junior llegó a los 16 años, ambos riñones dejaron de funcionar y tuvieron que ser retirados. La familia enfrentó entonces la posibilidad real de no conseguir un órgano compatible a tiempo.

Rheylicia reconoció que llegó a pensar que su hijo podía morir, mientras Sali sufrió al sentirse incapaz de protegerlo de aquella enfermedad. Aun así, la familia continuó orando junto a amigos y seres queridos, convencida de que Dios seguía escuchándolos. Junior incluso había aprendido desde niño a declarar las promesas bíblicas de sanidad en medio de su enfermedad.

Después de seis semanas de evaluaciones, Junior finalmente fue colocado en la lista de espera para recibir un trasplante. Contra lo que la familia temía que pudiera convertirse en una espera prolongada, apenas unos días después apareció un riñón disponible.

Rheylicia recordó aquel momento asegurando que Dios “apareció justo a tiempo”.

La cirugía de trasplante fue exitosa y el nuevo riñón comenzó inicialmente a funcionar con normalidad. La madre creyó que finalmente habían llegado al final de aquella dura batalla y declaró: “Dios respondió nuestras oraciones”. Pero solo tres días después, el órgano dejó de producir orina y surgió una nueva complicación.

Los médicos descubrieron que la glomeruloesclerosis focal y segmentaria había reaparecido y estaba afectando también al riñón trasplantado. Junior volvió a necesitar diálisis y recibió varias sesiones de plasmaféresis, además de medicamentos inmunosupresores. Mientras el equipo médico luchaba por estabilizarlo, su padre aseguró que la familia comenzó a orar con una intensidad nunca antes experimentada.

El adolescente respondió favorablemente a los tratamientos y logró dejar progresivamente la plasmaféresis, según explicó la doctora Steinke. Actualmente se encuentra estable y su familia considera cada día de vida como un regalo de Dios después de tantos años de incertidumbre. Sali afirmó que aquella experiencia confirmó para ellos el poder de la oración y aumentó profundamente su gratitud.

Rheylicia sostiene que, por encima del dolor, los tratamientos y el trasplante, su mayor certeza es que Dios fue glorificado durante todo el proceso. El testimonio de Junior recuerda que la fe no elimina automáticamente las pruebas, pero puede sostener al creyente mientras atraviesa incluso los momentos más difíciles. Dios sigue siendo fiel aun cuando la respuesta llega en medio de la batalla.

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